
El director teatral de amplia trayectoria en el circuito independiente de Rosario, Gustavo “Rody” Bertol, que acaba de presentar la última función de la excelente puesta "Los días de Julián Bisbal" ha publicado un nuevo libro acerca del arte teatral y la puesta en escena. Se trata de “Inversión, fracaso y sentido”, una obra lúdica, literaria, política y psicológica sobre el teatro, dirigida a todo aquel que coincida con su idea de que “todos, de algún modo, en la memoria de los otros, con el tiempo, seremos un personaje”.
El libro, que se suma a otros ya publicados por el autor (premiados y mencionados en bienales, encuentros y festivales), trata temas como la ficción y la construcción del personaje, polemizando en torno a la concepción de la actividad teatral en nuestra ciudad: “ya que estamos en el interior del país, lejos de los circuitos industriales del espectáculo, considero que hay que incorporar el “fracaso”, para desde allí sacar una nueva energía y posibilidades”.
Entiendo que el libro se plantea desde un lugar pedagógico al hablar de "clases" y científico también al valerse de conceptos acerca del teatro ¿es así?
Sí, pero sobre todo el libro es un juego, o al menos una propuesta de complicidad hacia el lector entre esas instancias: una clase imaginaria, conceptos interrogados desde otras ficciones y desvíos que hacen guiños y convocan fragmentos de relatos personales. Me gustó la idea de proponer una escena con un disertante, un diálogo, una situación abierta, de la cual solo es capturada una parte. Pero más allá de su formato, el libro tiene el objetivo de aportar a un debate académico y político dentro del teatro de la región.
¿Cómo se estructura esta obra?
A través de lecturas y apropiaciones de diversos campos, en el primer capítulo recorre los conceptos de juego, ficción, tiempo, semblante, efecto y sentido, dentro de la experiencia de la configuración escénica. En el segundo habla sobre la relación yo-personaje, interrogando dicha relación, alrededor de las sombras, lazos y nombres; que construye la puesta en escena, frente a ese viajero escurridizo que es el personaje.
En la tercera clase el tema es el fracaso, como experiencia constitutiva del teatro rosarino, intentando reflexionar sobre el lugar desde donde se lo produce, y sobre las políticas y vocaciones fundantes que le dieron origen, aún impresas en los borrosos caminos de su herencia.
Sí, se puede ampliar a un público más general. Si bien mi intención inicial fue dirigirme solo a actores, directores, docentes y críticos teatrales; a medida que fue avanzando la obra, quizás por las fuentes que tomé (algunos conceptos del psicoanálisis, de la literatura y de la filosofía), como para dialogar y producir algunos desvíos de la teoría teatral; se fue dando un texto que puede ser leído por cualquier persona a la cual le interese el teatro y la puesta en escena. Además, ésta es una disciplina que tiene que ver con el cuerpo transitando un espacio y un tiempo determinados, con la corporización de un personaje, con la identidad, y con la invención; ya que la ficción nos constituye como sujetos. Como decía Goethe: “Ningún suceso de nuestra vida tiene valor por ser verdadero, sino por lo que significa.” Los personajes teatrales salen a escena para encarnar las preguntas esenciales sobre la existencia. Y todos, de algún modo, en la memoria de los otros, con el tiempo seremos un personaje.
En el libro digo que el fracaso, de algún modo, ha constituido al teatro de esta ciudad de una manera ineluctable. El teatro en Rosario no es una actividad ni inserta en el mercado y menos aun un espacio de desarrollo de una profesión, ya que en general es imposible vivir de ella. Esa falta ha eclipsado a todas las demás y ha hecho que se nos aparezca como el paraíso perdido del que somos excluidos.
Querer hacer teatro aquí es orillar sus diversos grados, matices y bifurcaciones, su oportunidad y al mismo tiempo su imposibilidad.
Intento analizar el “lugar” desde el cual producimos las obras, donde pensar en la profesionalización del teatro, es pensar también el contexto, las marcas y las heridas que lo fundaron, así como revisar las visones e ideologías desde las cuales producimos; porque lo estético es ideológico, pero también lo es el procedimiento mismo.
Creo que para ser original, hay que saber volver al origen, interrogar las huellas de la tradición para imaginar las nuevas estrategias. Indudablemente, el teatrero tiene que autogestionarse con criterios y modos de producción, le guste o no le guste, y dado que no es un objeto de consumo instalado, tiene que generar la demanda. En eso también se trata de crear, innovar, buscar, investigar, y cambiar. Esa imposibilidad, es la que genera su posibilidad.
Si bien miro la actualidad con crudeza, veo el futuro inmediato con optimismo. Sobre todo porque hay dos muy buenas escuelas de teatro en la ciudad de Rosario, que permiten que sus graduados se vayan insertando al medio con buena formación y grandes expectativas. En el caso de mi grupo, Rosario Imagina, venimos con una muy buena racha, luego de las obras: Lo mismo que el café, ¿Quién quiere patear el tacho?, Artificio Casamiento, Los invertido, Hotel Capricornio, y ahora con la nueva experiencia de Los días de Julián Bisbal, que nos han permitido acercarnos a un mayor caudal de público.
Creo que nuestra cartelera es como un espejismo. No nos engañemos con eso de que ¡Rosario que cultural que es! y esas cosas…esto todavía está en una fase pre-profesional. Si bien es una responsabilidad nuestra, las políticas públicas tendrían que contemplarlo.
No hay fondos de inversión para alentar a que las salas tengan condiciones dignas, es decir, no hay apoyo para que se puedan abrir salas para espectáculos locales que hagan de esto un negocio razonable. Así como el Estado promociona distintas actividades, distintos emprendimientos pre-industriales en otras áreas, tendría que darse una política seria con las industrias culturales. Sin embargo, a pesar de ese espejismo o pan inflado, esa cartelera teatral es un factor más que alienta por ejemplo el turismo (la gente que viene a Rosario, viene para pasear por la costanera, comer en un restaurante e ir a ver un espectáculo).
Además de ser el teatro por supuesto, una actividad recreativa, que hace de una ciudad un lugar más vivible; es un sistema plural, de invenciones, pautas, ambiciones, sueños, lealtades y traiciones. Su compromiso ético se acrecienta cuando da lugar a la diversidad como valor. Porque el teatro implica y hace lazos.
Otro tema es que la mayoría de los elencos están conformados por un director con algo de experiencia y actores nuevos y jóvenes, ya que los que tienen mas experiencia y profesionalismo se van agotando al no ser ésta una actividad retribuida como corresponde.
Hace un par de días veía la entrega de los premios ACE por la tele, y me asombró la cantidad de piezas que hay en cartelera y la llegada que tienen al público ¿Vos cómo ves a los espectadores rosarinos en comparación?
No creo que el público rosarino tenga particularidades que lo distingan del porteño. Sabemos que eso de “que es un público exigente”, es una frase hecha por un elenco de afuera para quedar bien y que se dice en todos lados. De todos modos hay características dadas no por su condición de público, sino por el contexto donde se mueve. La relación del público con el teatro rosarino es difusa, fragmentada, demasiado endeble y escasa. Hay pequeños sectores del público que van a ver a un elenco determinado, pero ese mismo público en gran parte no va a ver otras propuestas de la cartelera local. Existe una nutrida lista de propuestas, pero la mayoría son obras hechas en condiciones de mucha precariedad estética, más cerca de una experiencia amateur que de un sólido espectáculo profesional; y también respecto a lo precario del lugar; es decir poco atractivas e incómodas.
Las obras que hacemos se parecen, como si hubiese un formato del teatro alternativo rosarino, al que todos apelamos, y en el que supongo estamos cómodos y haciendo la plancha, mientras despuntamos el vicio, y nos alejamos del público. Que muchas obras sean casi iguales, quizás tenga que ver con que solo nos estamos viendo entre nosotros, y no incorporamos realmente al otro, en este caso a ese público potencial, a las demandas y gustos que andan flotando, y lejos estamos de detectarlas, si solo nos enfrascamos en nuestros propios intereses experimentales.
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